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5月26日 RatitasHoy deseo compartir, con quienes deseéis leerla, la experiencia que he tenido este mediodía en la protectora de animales donde estoy trabajando.
Estos días mis tareas están siendo principalmente el desmantelamiento y eliminación de ciertas jaulas que ya no van a ser ocupadas, o de vallados, rejas, paneles y mallas metálicas que han dejado de ser de utilidad. Hoy concretamente, mi compañero A y yo decidimos eliminar una 'pared' que dividía un par de jaulas, una de las cuales no estaba ocupada por ningún animal, mientras que en la otra se alojaban cuatro perrxs; así, con la partición eliminada, estos animales podrían disponer de más espacio.
La 'pared' consistía en una malla metálica sujeta con alambres en los postes verticales y en el techo, y enterrada en el suelo con una pequeña base de cemento. Primero mi compañero A fue cortando con una herramienta llamada radial los alambres de sujección de los postes verticales y del techo. Pero la parte inferior, al estar unida con cemento al suelo, requería de un método más laborioso. Primero se cortó directamente la malla metálica a una distancia cercana al suelo, con lo que ya pudimos retirarla; pero no podíamos dejar los alambres de malla metálica atorados en el cemento y sobresaliendo unos cuantos centímetros del suelo, pues obviamente lxs perrxs se harían daño con esta hilera de espinas metálicas recia y amenazadoramente crispadas. Así que cogí un pico y comencé a golpear la tierra alrededor del reguero de cemento para sacarlo en bloque junto a los restos que quedaban de malla metálica.
Fuí picando con cuidado, ya que algunas jaulas están llenas de túneles surcados por las ratas, quienes intentan de forma desesperada buscar alimento en las cisternas de comida de lxs perrxs. Razón por la que estxs pobres roedorxs se ven obligadxs a ser vecinxs de unxs cánidxs que les ofrecen poca o nula empatía. Tanto es así, que raro es el día que no haya una, dos, tres o más ratas muertas en las jaulas, víctimas del ataque de unx perrx.
Como iba diciendo, fui picando la tierra con especial atención, ya que tenía miedo de hacerle daño a alguna rata. Los laterales de los regueros de cemento se convierten en un conglomerado de meridianos y paralelos sabia y estratégicamente escogidos por estos múridos, ya que así pueden disponer de una red de túneles relativamente segura, que les permiten moverse por las zonas de las jaulas corriendo un peligro menor.
Sentía el temor adicional de que el cemento suele ser un reclamo para los insectos, quienes aprovechan la humedad que este material conserva. Así, fui extrayendo con éxito pequeños y medianos bloques de cemento con cuidado de no hacerles daño a los muchos invertebrados que efectivamente habían hecho de ese duro medio su vivienda. Cuando ya había sacado alrededor de tres cuartas partes de la arista de cemento, me embargó un espectro de sensaciones que se diluían entre lo que podríamos entender como ternura, afecto o conmiseración, y lo que llamaríamos simplemente como susto, tras ser espectador del escenario que se hallaba bajo uno de los terrones de cemento. Ternura por la simple visión de lo que allí se hallaba; susto por lo que podría haber pasado.
Bajo aquel pesado bloque se encontraba un rosado grupito de ratitas recién nacidas, tan delicadas, tan frágiles, tan minúsculas...
Al principio la imagen fue demasiado fugaz, ya que sólo un segundo después de destapar la madriguera, fue cayendo tierra y gravilla sobre aquellas desvalidas criaturas, sepultándolas. Afortunadamente, la cantidad de tierra que se les vino encima no fue demasiada, sólo la suficiente para taparlas pero sin llegar a hacer una fuerte presión. Rápidamente y con cuidado, fui retirando la gravilla cogiendo una a una las piedrecitas con mucho miedo de no apretar el resto que todavía cubría a las crías. Pero también estaba algo angustiado porque temía ir demasiado lento, y quizás la tierra / gravilla podría estar asfixiando a algunas de ellas.
Enseguida llegué hasta las dos primeras que torpemente intentaban asomar sus pequeñas cabezas. En esos momentos también se encontraban en la jaula mis compañeras MR y MV, que junto con A, creo que estaban adecentando una parte de la jaula. Digo creo, porque en esos momentos mi mente estaba casi únicamente ocupada en sacar tierra y gravilla. De repente A miró lo que estaba haciendo, y me preguntó algo aproximado a lo siguiente: -¿Hay ratas muertas?
Entonces le comuniqué que no, que estaban vivas. No había querido avisar a mis compañerxs del suceso, porque hace poco que estoy trabajando en este lugar, y no sabía cómo iban a reaccionar ante la idea de salvar a unos animales pertenecientes a esa especie. Pero por suerte, mostraron tener buenos sentimientos, con lo cual me sentí enseguida aliviado al respecto. Pero todavía había que quitar tierra...
MR me ayudó entonces a sacar gravilla, y cuando ya habíamos extraído la suficiente como para ver varias cabecitas, decidí sacarlas ya de ahí. Yo seguía angustiado, pues no sabía cuántas crías habría enterradas, y tenía la incertidumbre de si al final encontraríamos a todas, o quizás nos dejaríamos alguna perdida entre el térreo material.
Antes de tocarlas, me recomendaron que me pusiera guantes, con el objetivo de no dejar olor humano en las crías, y así evitar la posibilidad de que la madre rechazara a sus retoños. Me puse entonces los guantes de látex que MR me ofreció y cogí con una mano la primera criatura, depositándola en mi otra mano. Qué sensación. A la vista parecía que iba a deshacerse su cuerpecito sólo con soplarle, pero al tacto, aunque blandita, no dejaba de ser consistente. En realidad lo blando de su estética era debido a la gran cantidad de pellejo que la cubría. Hice idéntica acción con el resto de ratitas que estaban parcial o totalmente en la superficie, tras lo cual tuve sobre la palma de mi mano (o casi, debido a la barrera táctil que suponía el látex), a cuatro o cinco mini-seres entrañables de un dedo índice de longitud que se iban arremolinando lenta y torpemente con qué-se-yo qué objetivo, si es que lo había.
Como ya se acababa el espacio en mi mano, y había más ratitas por rescatar, MR trajo una palangana para ir colocando a lxs recién desenterradxs. En breves momentos la palangana contaba con ocho de ellas, y en ocho se quedó el número tras comprobar con toda seguridad de que la tierra movida ya había sido extraída completamente, y que la base del hueco que quedaba era lo suficientemente dura como para no haber nadie más debajo. De verdad, tranquilxs, no había nadie más debajo
Pero entonces llegó el momento de decidir.... ¿QUE HACER CON LAS RATITAS? Mi primer pensamiento fue el de llevarlas a casa y cuidarlas, aunque pensándolo bien... no sería nada fácil alimentar a unas criaturas que aún ni siquiera abrían unos párpados que daban la sensación de estar completamente fundidos recubriendo sin comisuras la zona donde se supone que se hallan los globos oculares, la posición de los cuales se adivinaba por la mancha oscura circular que ocupaba la zona donde se supone que están. Eso sí, algún que otro ruidito, aunque débil, sí eran capaces de exhalar.
La opinión general definitiva fue que lo mejor sería dejar las ratitas en algún agujero cercano, con la esperanza de que la madre las recogiera y les buscara otro lugar. Al final decidimos dejarlas en el mismo agujero, ya que sería más probable que la madre las buscara allí. Existía la posibilidad de que los perros que iban a habitar esa zona a partir de ahora supusieran un riesgo. Para evitar esto, profundicé un poquito el túnel que daba a la madriguera. Mientras, MR había puesto a los pequeños roedores sobre un papel de diario, recubiertos con trocitos de idéntico tipo de papel, siendo algunos de estos fragmentos de los que estaban previamente en la madriguera y que se suponía que conservaban olor de rata. Con cuidado situé a los bebés y su improvisada cuna en el hueco, acercándolos un poco hacia el túnel.
Después de eso puse una tabla de madera alargada que se ajustaba bastante bien en el hueco, convirtiéndose en el nuevo techo de la madriguera. Entre todxs acabamos de asegurar el pequeño búnker; pusimos unas planchas cuadradas de plástico y alguna que otra piedra, para tener una buena base sobre la que poder echar tierra encima (para tapar completamente el hueco con el fin de que no les llegara ningún olor a los perros) sin que les cayera encima a las crías. Así lo hicimos, y quedó de maravilla, fuerte y seguro.
Una vez que dejamos pasar a los perros a la nueva zona habilitada, me quedé bastante tranquilo. No mostraron ningún interés en la zona donde se encontraba la madriguera.
Un hecho importante que no he comentado, es que durante la operación, una rata iba recorriendo la parte exterior de la jaula, y de vez en cuando se la veía pasar. Probablemente no se atrevía a meterse en los túneles, y por eso correteaba por la superficie. ¿Sería la madre preocupada por sus hijxs? Espero que sí, y espero y deseo todavía más aún que ahora mismo ya haya situado a sus bebés en un lugar seguro.
Probablemente nunca sabremos si esta historia tendrá definitivamente un final feliz o no. Pero lo que sí sé seguro es que no fuí el único que sintió compasión hacia esos pequeños seres, pertenecientes a una especie animal muy mal vista en general por la humanidad. En nuestro propio lenguaje ya podemos observar el desdén dirigido hacia estos animales, en expresiones como "eres un rata", "ratear", etc, que comunican conceptos negativos. Solemos confundir la existencia o carencia de simpatía hacia unos determinados seres, con la existencia o carencia de responsabilidad y respeto que debemos mostrar hacia ellos. Independientemente de la mayor o menor conmiseración que sintamos hacia alguien, es importante tener en cuenta que todo ser capaz de sentir sufrimiento o bienestar no sólo es un ser vivo, sino que además es titular de una vida.
La Rattus Norvegicus o rata común, un ser con sistema nervioso y aparato locomotor, y por tanto, capaz de sufrir y de sentir placer. Su motivación por conservar su vida y poder vivirla de forma positiva de acuerdo con sus características físicas y psicológicas particulares es algo que merece nuestra total consideración. Ser la especie dominante del planeta implica una enorme responsabilidad.
A pesar de la incertidumbre acerca del destino de esos entrañables roedores, me sentí feliz por haberme sentido apoyado por mis compañerxs en esta experiencia. Hoy será uno de esos días en los que me voy a dormir con una almohada y unas sábanas embriagadas de paz.
5月5日 SE PROHÍBE LA VIVISECCIÓN EN RÍO DE JANEIROSE PROHÍBE LA VIVISECCIÓN EN RÍO DE JANEIRO
Fue aprobada la Ley que prohíbe la vivisección en Río de Janeiro. Ley de autoría de Claudio Cavalcanti prohibe la vivisección así como el uso de animales en prácticas experimentales que provoquen sufrimiento físico y psicológico, siendo estas con finalidades pedagógicas, industriales, comerciales o de investigación científica y otros.
Es la ley pionera en el mundo, por primera vez las experiencias científicas bárbaras y sin disculpa realizadas con animales están prohibidas, por lo menos en Río de Janeiro.
Siempre tuvimos como norte llegar a la aprobación de esta ley. Trabajamos mucho para llegar a esto. La conseguimos. Ahora, solo queda exigir que sea cumplida.
Maria Lucia Frota
Favio Paiva
ACTIVISTAS POR LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES
POR EL FIN DEL HOLOCAUSTO ANIMAL
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